Cada vez hay más personas que apuestan por la arquitectura sostenible y las casas ecológicas... Pero… ¿qué son? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué materiales se utilizan?
A diferencia de la arquitectura tradicional, la arquitectura sostenible tiene en cuenta el impacto de la construcción sobre el medio ambiente e intenta minimizarlo al máximo, aprovechando al máximo los recursos del entorno y el reciclaje de materiales.
Además de reducir el impacto ambiental, el objetivo de la arquitectura ecológica también es optimizar la eficiencia energética de la vivienda y el aislamiento térmico frente a las agresiones externas.
Aprovechamos al máximo las condiciones del entorno
A la hora de pensar en la construcción de la vivienda, en primer lugar hay que tener en cuenta la ubicación y la orientación, y realizar un estudio para aprovechar al máximo las condiciones del entorno de la construcción y maximizar la eficiencia energética del hogar.
En nuestro clima mediterráneo, las viviendas sufren por la exposición al sol, y lo más importante es protegerlas del sol y evitar que el calor entre en la casa. Lo primero que se debe proteger con aislamiento es la cubierta y, seguidamente, la fachada norte.
En la fachada sur nos interesa un material con inercia térmica como la tierra, para que capte el calor en invierno y lo vaya liberando durante la tarde y la noche. En verano, al contrario: queremos protegerla del sol y evitar que irradie, para que no coja temperatura ni la libere después. Como la trayectoria del sol es más amplia y los rayos solares inciden a 72º, lo que haremos será proteger tanto las aberturas como la fachada sur de la radiación solar con voladizos o pérgolas. Las fachadas este y oeste son más complicadas de proteger, y lo haremos también con protecciones verticales para controlar la subida y la bajada del sol.
En nuestro clima, la mejor solución constructiva es la combinación de la tierra (inercia térmica) y la paja (aislamiento), la mezcla perfecta entre aislar y mantener la capacidad térmica del material.
Explicado de forma resumida, la inercia térmica es la capacidad que tiene un material de mantener su temperatura —sea calor o frío— a lo largo del tiempo: una vez está caliente, mantiene el calor, como la tierra. Lo contrario sería un material con poca inercia que se calienta o se enfría muy rápido y no mantiene el calor/frío en el tiempo, como podría ser el hierro. El aislamiento es la capacidad que tiene un material de limitar la transmisión de energía calorífica entre dos ambientes, como la paja, el corcho, la madera, el algodón reciclado, etc.
¿Qué materiales sostenibles hay?
Algunos de los materiales son:
La paja
La paja es un alimento, un producto agrícola que en nuestro territorio se cultiva desde hace mucho tiempo. Es alimento para el ganado y seguramente nos resulta extraño pensar que nuestra casa pueda ser de este material... Ahora bien, la paja es un material muy aislante, es transpirable y se comporta muy bien higroscópicamente si se combina con revestimientos de tierra. Trabajar con paja es muy agradable: al tocar las balas puedes sentir la nobleza del material. Es un tipo de “madera joven”; su composición es prácticamente la misma, pero está hueca por dentro.
Las balas de paja se pueden cortar o separar con “librillos” y su colocación es factible para cualquiera que quiera probarla. Es un trabajo que requiere un método y es asequible. Siempre hay que trabajar con un proyecto técnico adecuado, ya que tiene su normativa y, lo más importante, una buena dirección de obra.
La paja es un material natural y sostenible, ya que no tiene huella ecológica más allá de la que utiliza la maquinaria para su elaboración (cortar y embalar). Además, es un material de rápido crecimiento: en 6 meses puedes tener preparado el material para construir tu casa.
Tierra cruda
La construcción con tierra cruda reduce significativamente la contaminación ambiental. A diferencia de otros materiales de construcción no sostenibles, la tierra cruda no requiere procesos industriales contaminantes para su producción. Además, el uso de tierra cruda reduce las emisiones de CO₂ asociadas al transporte de materiales de construcción convencionales.
Otra ventaja es el ahorro en costes de material y transporte. La tierra cruda es un recurso local, abundante y económicamente accesible en muchas zonas. Aprovechar este recurso natural significa reducir los costes asociados a la compra y al transporte de materiales de construcción convencionales.
La construcción con tierra cruda protege la madera y otros materiales. En lugar de utilizar maderas valiosas u otros recursos escasos, la tierra cruda puede servir como revestimiento o elemento de protección para estos materiales, alargando su vida útil y reduciendo la necesidad de sustitución.
La tierra cruda también es reconocida por su buen aislamiento acústico. Sus propiedades naturales permiten reducir la transmisión de ruidos no deseados, creando un ambiente más tranquilo y confortable en el interior de los edificios construidos con este material.
Además, la tierra cruda protege de las ondas de baja frecuencia. Gracias a su masa y densidad, actúa como un escudo natural contra las ondas sonoras de baja frecuencia, como las procedentes del tráfico o de maquinaria industrial.
La construcción con tierra cruda también regula la humedad ambiental. Su capacidad de absorción y desabsorción de agua ayuda a mantener un nivel óptimo de humedad en los interiores de los edificios, creando un ambiente más saludable y confortable.
Además, la tierra cruda tiene una gran capacidad de almacenar calor gracias a su buena inercia térmica. Esto significa que puede absorber calor durante el día y liberarlo lentamente durante la noche, ayudando a mantener una temperatura estable y confortable en el interior de los edificios.
Por último, la tierra cruda es un material inocuo. No contiene sustancias tóxicas ni emite contaminantes, lo que la convierte en una opción segura y saludable para la construcción de edificios, especialmente para personas sensibles a alergias o afecciones respiratorias. Y por su inocuidad como material de construcción.
La madera
La madera es un excelente aislante térmico que evita los cambios bruscos de temperatura, reduciendo así la necesidad de calentar o enfriar el ambiente. Además, también es un buen aislante acústico: por su composición (lignina y celulosa) absorbe una parte importante de la energía que recibe.
También es un material duradero y reutilizable.
El proceso de producción de la madera utiliza menos recursos que el resto de materiales y produce menos gases de efecto invernadero, como el CO₂, que la fabricación de materiales convencionales. Por otra parte, las construcciones en madera permiten edificaciones modulares y de fácil ejecución.
En Cataluña, las construcciones de madera tienen una larga trayectoria y no son una tipología estructural desconocida, sino un patrimonio cultural único de nuestro sistema constructivo. Encontramos por toda Cataluña estructuras de cubierta y forjados elaborados con vigas de madera que han sobrevivido al paso de los años, utilizándose durante siglos.
La piedra
La piedra es un material de construcción utilizado también desde la antigüedad. Es un material natural, con un impacto ambiental mínimo y con una alta durabilidad y conservación.
Además, es un material versátil, ya que la piedra natural ofrece múltiples posibilidades gracias a sus infinitos colores, tamaños y texturas. También aporta exclusividad a los espacios: el hecho de que cada piedra sea única y que sea imposible encontrar dos iguales hace que cada piedra sea inimitable.
Finalmente —y no menos importante— impide el paso de vibraciones del exterior. Así, se reducen los niveles de contaminación acústica dentro de la vivienda y se convierte en un lugar mucho más tranquilo en comparación con el uso de otros materiales. Sin duda, la piedra es una gran ventaja para ganar bienestar y calidad de vida.